Testimonio Carla Dadomo

Ni soñando lo hubiera imaginado tan perfecto…

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Fue en el 2016 cuando finalizando las 6hs. y ver que los corredores que participaban en 48hs seguían girando en la pista, me comencé a preguntar: Cómo será correr 48hs? Qué se siente? Podré hacerlo? Es cómo entrenar tres días seguidos?

Muchas de estas preguntas fueron en voz alta, a lo cual muchos me miraban como loca.

Llegue a casa y lo primero que hice fue tomar un lápiz y papel y comenzar a planificar esa idea que me estaba dando vueltas en la cabeza.

No tenía mucha idea, ya que la ultras más larga que había participado eran de 6 hs, entonces decidí comenzar por ahí, dividirme la carrera en etapas de 6 hs.

Vaya sorpresa cuando al pasar raya y sumar los km a realizar me daba 270km.

Será mucho? Será poco?  Entonces comienzo a buscar registros de esa carrera y encuentro que el Record Nacional en 48hs femeninos estaba en 250km que los había realizado Soraya Machado (gran ultramaratonista que tuve el honor de compartir todas las carreras en pista).

Ahí sí que me asuste y pensé “Ta… me fui al carajo!” Vamos a replanificar nuevamente y borraba km, le agregaba descanso, cambiaba el ritmo y vaya sorpresa nuevamente me daba 270k. Sería una señal?… bueno tenía que descubrirlo.

Pasaron los días y muchos ya me preguntaban cual era el desafío para el próximo año, a lo que contestaba: ir a por las 48hs!! Y detrás de eso la clásica respuesta: “estás loca!” (Y ni les cuento cuando decía 270km ja) Me sobran los dedos de una mano para contar la cantidad de personas que me decían “lindo desafío lo vas a lograr”.

Pasaban los meses, ya entrenando con ese desafío en mente, comencé a consultar con los ultras ya experimentados y con varias 48hs arriba, cómo se preparaban, que comían, cada cuanto paraban, etc etc. Acá descubrí a unas personas maravillosas, la verdad que quedé sorprendida con el compañerismo y la generosidad de los ultras; no se guardan nada, todo lo que sabían me lo transmitieron, desde la comida, vestimenta, que hacer en caso de ampollas, etc etc.

Y así llegamos a Mayo día de la carrera…ese viernes me despierto y el clima no era el ideal… Lluvia torrencial. Largamos…

Correr una ultra siempre hay muchos factores que no podemos controlar, entonces todo lo que puedo controlar no lo dejo escapar… Entre ellos: el ritmo a mantener. Largamos y sabía que si me mantenía a lo que había planificado iba a llegar a los 270k.

(Acá es donde entran a jugar un rol muy importante los asistentes! La verdad que estoy eternamente agradecida al grupo de amigos que estuvo durante las 48hs asistiéndome a pesar del frío y la lluvia. Yo sólo me tenía que preocupar de girar y girar, ellos se encargaban de mantenerme el ritmo, alimentarme, avisarme que me abrigara, etc etc)

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Pasaban las horas y yo seguía a mi paso, a lo que muchos en la pista me preguntaban:  ” -¿Vas por 12hs verdad? – No no voy por 48 hs.” ” – Pero a ese ritmo no vas a llegar” ” – Máximo 24hs y quedas afuera”. ” – Por ahora voy bien siguiendo el plan, disfrutando de cada vuelta, de cada km”, hasta de la lluvia disfrutaba, que me hacía recordar cuando niña chapoteaba en el agua… Lindos recuerdos.

Así fueron pasando las horas y los km. Todo tal cual a lo planeado hasta llegar a los 200km acumulados donde una molestia en los tendones de los tobillos me hacen bajar el ritmo  y frecuentar la carpa médica durante toda la madrugada del domingo.

Faltaban pocos minutos para las 12 del mediodía, el dolor que sentía en la pierna derecha desde la noche se había incrementado y ya la izquierda se comenzaba a sentir… Caminaba muy despacio… Familiares, amigos, conocidos alentaban para animarme.

No me podía permitir finalizar la carrera caminando, había corrido la mayor parte y ahora me estaba prácticamente arrastrando! Fue aquí que recordé unas palabras que me había dicho Ana Do Carmo una gran ultramaratonista,  que me hizo cambiar totalmente la cabeza: “A la hora que sientas que te faltan fuerzas escucha tu interior, concentrate en tí y tus movimientos porque la fuerza viene de uno mismo, nadie más mueve tus piernas sólo tú!”

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Y así fue, comencé a trotar llegando a un ritmo más rápido del que había comenzado, volvía a ser yo con las mismas fuerzas con la que había largado el Viernes, no lo podía creer y creo que todos los que estaban presentes tampoco.

Se acercaba el fin… Se acercaba el momento del silbato final… En ese momento pienso en mi madre que desde el cielo me acompaña en todas las carreras… Corro aún con más fuerzas hasta que lo escucho… Coloco la regla en la pista y me dejo caer de rodillas con los brazos al cielo… Lo había logrado… ¡273km 54 metros! Aquella meta que hace un año atrás parecía inalcanzable la había superado. Rápidamente aparecen familiares, amigos, conocidos festejando… Ya no era un sueño… Se había hecho realidad…

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